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Para hoy el informe del tiempo
anunciaba nieve aquí cerca del mar. Lo leí en el periódico hace un par de días.
Cierto, hace más frío que
nunca. Al mediodía me senté a comer con abrigo y capucha, mientras un fuego
esquivo se agazapaba entre los leños.
Traté de leer en las nubes,
buscaba una confirmación. Aunque nadie se fijaba en eso, las nubes se
arremolinaban y formaban capas grises, justo como cuando va a nevar.
En los días anteriores fui el
mensajero de la probable nevada. Nadie pareció creerme. Bien por ellos, estaban
en lo cierto.
Fui el mensajero frustrado de
lo que me pareció una buena nueva, porque no se trataba de sentir frío sin más,
sino de que ocurriera un hecho inusitado en estos parajes, un espectáculo y
también la posibilidad de acceder a otro sentir, el que acompaña a la
lentitud y a la suavidad de la nieve; un soltarse y
dejarse llevar por entre las copas de los árboles.
Nada de eso ha ocurrido aún.
Sigo mirando el cielo.
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Versión de sonido
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* Foto: IBF (2013)
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Versión de sonido
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* Foto: IBF (2013)